Santiago 3:13-18 (NVI)
13 ¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que le da su sabiduría.14 Pero si ustedes tienen envidias amargas y rivalidades en el corazón, dejen de presumir y de faltar a la verdad.15 Ésa no es la sabiduría que desciende del cielo, sino que es terrenal, puramente humana y diabólica.16 Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas.
17 En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera.18 En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz.
El punto principal de este pasaje es que “debemos demostrar la sabiduría verdadera con nuestras vidas”, no solamente con nuestras palabras.
Muchas veces nos creemos muy sabios, pero Santiago nos llama a la reflexión. Realmente, ¿quién es sabio entre ustedes? Si digo que soy sabio, tengo que demostrarlo con mis acciones. Y ¿cuáles acciones demuestran esta sabiduría? Veo en este texto dos acciones esenciales de la sabiduría verdadera.
Primero, la sabiduría verdadera rechaza el egoísmo (vv. 14-16). ¿Qué hace la persona egoísta? Busca su propio bienestar y hace lo que sea necesario para salir adelante a pesar de los daños que se puedan resultar. Vemos aquí las envidias amargas y rivalidades que surgen como resultado del egoísmo.
Incluso hemos visto rivalidad dentro de la iglesia. A veces la gente siente envidia por la vida de otro hermano. Tal vez el hermano tiene más dinero, más éxito ministerial o más influencia con los pastores. También surge la tentación de pensar que “nuestro” ministerio está en competencia con otro de otra iglesia hermana. Estas rivalidades resultan en “confusión”, que literalmente habla de desordén. Ciertamente cuando las envidias amargas y rivalidad priman en nuestras vidas hay un desordén espiritual que se ve.
Segundo, la sabiduría verdadera siembra la paz (vv. 17-18). Santiago usa aquí un estilo muy bonito en el griego, ya que usa la aliteración de varias palabras para describir la sabiduría verdadera. Estas características de la sabiduría son opuestas a las envidias amargas y la rivalidad. Me llama la atención mucho la palabra “dócil” aquí, pues se refiere a la calidad de estar dispuesto a ceder, estar abierto y dispuesto a escuchar. ¿Cuántas veces formamos una opinión de otros sin escuchar?
Finalmente, la sabiduría verdadera nos enseña a ser hacedores de paz (v. 18). Si pensamos en un puente que tiene dos lados que se levantan, debemos siempre tener nuestro lado en posición para que la otra persona cruce. Tal vez no quiera ella hacerlo, pero debemos estar dispuestos a recibirla. Pablo lo expresa muy bien: “Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos” (Romanos 12:18). Que seamos dispuestos a vivir de una manera sabia, rechazando el egoísmo y sembrando la paz.
Imágen cortesía de Craig Damlo en Flickr