La fe cristiana que hoy día gozamos no sale de un vacío histórico ni teológico. A veces los cristianos desprecian la historia y piensan que no debemos estudiar nada más que la Biblia. Las Escrituras sí son suficientes, pero es un error creer que llegamos a nuestras conclusiones sin la ayuda de los cristianos de otras épocas porque en realidad les debemos mucho. No llegamos a nuestra posición cristiana bautista porque somos más inteligentes que los demás, sino que muchos hombres han trabajado antes para que no tengamos que replantear todas las bases de la teología. Nos ayuda muchísimo entender de dónde venimos y cuáles eran los factores más importantes en la formulación de nuestras creencias cristianas.
Con esto en mente, quiero llamar la atención a un documento no muy conocido que Martín Lutero (1483-1546) escribió en los primeros años de la Reforma Protestante en Alemania. En 1517, Lutero clavó en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg sus 95 tesis en contra de los abusos que tenían que ver con las indulgencias de la Iglesia Católica. Normalmente usamos esta fecha como el comienzo de la Reforma, pero es importante notar que Lutero no estaba en contra de la Iglesia Católica en ese momento, sino que estaba en desacuerdo con algunas prácticas de la Iglesia. Si leemos las 95 tesis, nos damos cuenta de que son difíciles de entender y realmente no son verdades evangélicas. Su teología apenas empezaba a brotar en esos días y su primer escrito con valor teológico para nosotros es el documento que escribió el siguiente año: la Disputación de Heidelberg, 1518.
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